Hola, amantes del café.
Soy Alejandro González Bueno, apasionado del buen café y Product Manager en Café Fonseca.
Quiero empezar con una escena muy cotidiana. Un día, un amigo probó uno de nuestros cafés y, sin demasiados rodeos, dijo: “Este café no me gusta nada”.
Mi primera reacción fue pensar que algo había fallado. Pero al hablar un poco más, entendí algo que con el tiempo se repite una y otra vez en el mundo del café: no era un café malo, era un café que no encajaba con sus gustos.
En la mayoría de los casos, detrás de un “este café no me gusta” hay una razón muy clara: la diferencia entre café robusta y café arábica.
Café robusta y café arábica: dos formas de entender el café
Aunque muchas veces se habla del café como si fuera un único producto, lo cierto es que existen perfiles muy distintos. Los dos grandes protagonistas son el café robusta y el café arábica, y entender sus diferencias ayuda mucho a saber qué tipo de café te va a gustar más.
Café robusta: intensidad, cuerpo y energía
Café arábica: suavidad, aroma y equilibrio
El café robusta es directo, potente y sin rodeos. Es un tipo de café que suele ofrecer:
- Sabores intensos.
- Mayor sensación de cuerpo.
- Un perfil más amargo.
- Un extra de cafeína.
En Café Fonseca trabajamos robustas de origen como Vietnam y Uganda, que aportan carácter, fuerza y una personalidad muy marcada. Son cafés pensados para quien busca impacto en la taza, para quienes quieren notar el café desde el primer sorbo.
Este tipo de café funciona especialmente bien en preparaciones cortas e intensas, donde se aprecia todo su carácter sin diluirlo.
El café arábica, en cambio, ofrece una experiencia muy distinta. Es más aromático, más equilibrado y suele presentar:
- Sabores más suaves.
- Acidez agradable.
- Mayor complejidad de aromas.
- Un final más limpio.
Un buen ejemplo es nuestro café Colombia 100 % arábica, procedente de regiones como Tolima, Caldas, Huila y Cauca.
Cada zona aporta matices distintos, creando un café más expresivo y elegante, ideal para quienes disfrutan descubriendo sabores poco a poco.
¿Por qué un café robusta puede no gustarte (y por qué a otros les encanta)?
Aquí viene una de las claves más importantes: no todos percibimos el café igual.
Hay personas más sensibles al amargor, otras que buscan suavidad y otras que disfrutan precisamente de esa intensidad que a algunos les resulta excesiva. También influyen: los hábitos (no es lo mismo tomar café solo que con leche), las experiencias previas, el momento del día, incluso el estado de ánimo, etc.
Por eso, alguien que adora un arábica suave puede encontrar un robusta “demasiado fuerte”, mientras que otra persona lo considera justo lo que necesita para arrancar el día.
Ninguna de las dos percepciones es incorrecta. Elegir entre robusta y arábica no es elegir el “mejor” café. A mí me gusta explicarlo con una comparación muy sencilla: la música.
Hay días en los que apetece energía, volumen y fuerza.
- Para mí, un café robusta intenso es como escuchar AC/DC: directo, potente y sin florituras. Es el café que te despierta, te activa y te pone en marcha.
- Otros días, en cambio, buscas algo más calmado, con matices y equilibrio. Ahí el arábica encaja mejor, como escuchar a Arde Bogotá: capas, emoción y tiempo para disfrutar.
No pondrías la misma música en todas las situaciones. Con el café ocurre exactamente lo mismo.
Cómo saber si eres más de café robusta o arábica
- Si no tienes claro qué tipo de café encaja contigo, estas pistas suelen ayudar:
- Si buscas energía, intensidad y un sabor contundente, probablemente el robusta te resulte más atractivo.
- Si prefieres aromas, suavidad y equilibrio, el arábica suele ser tu mejor aliado.
- Y si dudas, la mejor opción es probar y comparar. El gusto se educa con la experiencia.
Al final, todo se resume en disfrutar el café a tu manera. Prueba nuestras cápsulas de café Fonseca y elige el tuyo. O bien nuestras variedades de café en grano.
En Café Fonseca creemos que no hay una única forma correcta de disfrutar el café. Hay momentos, gustos y preferencias distintas. Entender la diferencia entre robusta y arábica no es para complicarse, sino para acertar mejor.
La próxima vez que un café no te convenza, quizá no sea “malo”. Tal vez simplemente no es tu café.